Born al cubo. Semana de la Arquitectura. 11 de octubre

En 1966, antes de la reforma del Passeig des Born, el historiador José Orlandis escribió:  “Dentro de pocos días van a comenzar las obras de reforma de este viejo paseo, tan lleno de nostalgias y de dulces recuerdos. Los que no alcanzasteis a vivir las postrimerías del pasado siglo y los albores del presente, difícilmente podréis imaginar lo que representó para la ciudad, el Borne de aquéllos tiempos. Cuando Palma aún era la capital de la Isla de la Calma, era el Borne el corazón de todos… En las soleadas mañanas de invierno, o en las tibias noches de primavera y verano, iba al Borne los jueves y domingos a escuchar los sones de la banda del Regimiento de Infantería, que tocaba en lo alto del escenario de madera. La gente vieja se sentaba en los sillones de hierro y los jóvenes daban vueltas por el Paseo, en el que nacieron tantos amores. 

   Escenario para la banda de música en Es Born  

Jóvenes que lo leéis, los que vivís la vida libre y tumultuosa de hoy, no podéis entenderme, como no podéis imaginar el silencio de una ciudad sin ruidos, sin coches, sin prisas. Todo esto representaba el Borne que se va. Y por esta razón muchos no sentirán pena al verlo desaparecer, como lo sentirán otros, porque para ellos está lleno de recuerdos de toda una vida.
Al desaparecer el actual paseo, os ruego que las losas de sus asientos o los hierros de sus respaldos, no vayan a parar al mar para servir de relleno a solares de futuras urbanizaciones. Desmontadlos con cariño y guardadlos para ser colocados, el día de mañana, previamente restaurados, en algún jardín, en alguna glorieta, como recuerdo de aquél viejo Borne que hoy agoniza.

Cuarenta y ocho años más tarde, en el mismo punto donde estaba aquel escenario, se levantaba un cubo metálico de cuatro metros de lado, cuyas caras enmarcaban las diferentes perspectivas del Paseo. Y allí estábamos nosotros, para desmontarlo con cariño y volver a convertir Es Born en salón urbano, en un punto de encuentro para paseantes curiosos, donde niños y no tan niños unían su arte e imaginaban la ciudad desde otros puntos de vista. Durante dos horas, recuperamos el bullicio que tanto extrañaría Orlandis… Y comprobamos de nuevo que la ciudad, cuando está viva, es mucho más interesante.  

Escenario para que “pasen cosas” en la ciudad    

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