Rasca-ndolos-cielos. 16 de octubre de 2010

A medida que pasa el tiempo, las ciudades están más y más pobladas. Cada vez es mayor el número de gente que vive, trabaja y se mueve por ellas, dando lugar a un ritmo de crecimiento frenético que lleva asociada una creciente ocupación del territorio. Por eso, las teorías urbanísticas avanzan con paso firme hacia modelos de ciudad compacta, donde los edificios acojan la mayor cantidad de actividad posible, permitiendo liberar el espacio que tienen alrededor.
Los rascacielos, que hoy en día alcanzan alturas de vértigo, representan un claro ejemplo de este tipo de crecimiento ya que, ocupando una menor superficie de suelo, albergan una gran cantidad de usos. De esta manera, se reducen los desplazamientos de los ciudadanos, facilitando en uso del transporte público y la optimización de los recursos energéticos.
Pero antes de poder admirar el Bruj de Dubai (643 metros en 164 plantas), fueron imprescindibles los descubrimientos de Le Baron, que gracias a una jaula de pájaro introdujo las estructuras de acero y de Otis, que en 1857 presentó el primer ascensor a vapor de la historia. Todo ello, unido al devastador incendio de Chicago en 1871, impulsó la carrera hacia las nubes en la que hoy nuestros arquitectives han puesto su granito de arena.

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