La tontería del campo de fútbol

Uno de los ejercicios que pedimos a nuestros alumnos del curso de formación a profesorado consiste en desarrollar un brainstorming con sus propios estudiantes, preguntándoles qué harían para mejorar su colegio. Hace un par de semanas, analizamos los resultados de esta experiencia. La mayoría de maestros, especialmente los de cursos más iniciales, traían consigo un listado censurado, en el que habían separado las “buenas ideas” de las “tonterías”. Las primeras, clasificadas como lógicas o viables, comprendían actuaciones como la instalación de fuentes, bancos o murales que alegrasen el patio. Ideas (y alumnos, por extensión) que habían sido valoradas en positivo por un criterio adulto, y por tanto correcto y razonado… O puede que por una suma de prejuicios, estereotipos y falta de imaginación que lamentablemente nos atrapa al alcanzar la madurez. Por eso, tras un ejercicio conjunto de humildad, decidimos centrarnos en la segunda lista, darles una oportunidad a los alumnos “que dicen tonterías”para uno, ponernos a prueba y dos, demostrar que no son ellos los tontos sino nosotros los faltos de creatividad. Y así lo dejamos, con el reto de construir un campo de fútbol en la entrada del colegio.   La semana siguiente nos esperaba esta sorpresa:  

Una reinterpretación del campo de fútbol convencional convertido en un juego “de mesa” donde alumnos y profesores, a partir de cartas de preguntas, avanzan por el tablero pasando el balón, chutando a puerta y cometiendo faltas y penaltis. Mucho más, pues, que un campo de fútbol: una demostración de que cualquier idea considerada absurda puede transformarse en un proyecto conjunto y transversal (porque medimos el hall, porque pensamos las preguntas -y las respondemos-, porque trabajamos en equipo…); una lección para nosotros, que nos aventuramos a juzgar, desde nuestra mente estereotipada, las magníficas ideas de los más pequeños; una inyección para ellos, que ven valoradas y materializadas sus propuestas de mejora… En definitiva, un motivo más para seguir trabajando en la mejora de las metodologías y los espacios educativos.   Gran ovación para el claustro de profesores del Colegio Balmes, un equipo lleno de energía, imaginación y ganas de cambiar las cosas.

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