¿Qué sucedería si triplicásemos el tamaño de una ensaladera?
De repente, nos resultaría imposible revolver la ensalada, y meterla en el lavaplatos, y guardarla en los armarios de la cocina. Empezaríamos a usarla de bañera o de piscina de jardín, olvidando sus orígenes como ensaladera.

¿Y si multiplicásemos por cuatro las medidas de una mesa y de sus sillas?
Sin darnos cuenta, nos sentaríamos bajo ellas cualquier día de lluvia y organizaríamos conciertos a su cobijo. La mesa se convertiría en un porche, en una carpa, en el lugar perfecto para un campamento de verano.

Giant furniture, de Robert Thierren
¡Ay, las proporciones! Divinos ritmos que evitan que nos cuelguen las piernas en las sillas, que hacen que las cosas sean cómodas, que, sin saber muy bien por qué, nos dan la tranquilidad que proporciona la armonía.
Hace unos días, Arquitectives dio un salto hasta Barcelona para conocer a los alumnos de P5 del Colegio El Sagrer, quienes gracias a su proyecto dedicado a la arquitectura resultaron ser ya grandes profesionales en la materia. A través de su propio cuerpo, tal y como hizo en su día Ricitos de Oro, experimentaron con el diseño de los objetos cotidianos intentando proporcionar brazos, piernas y cabezas…. Para finalmente convertirse en constructores de espacios a su medida, basados en el uso y en la percepción sensorial. Pasen y vean.



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