Ciudades. 27 de noviembre de 2010

Los locos laberintos en que vivimos se componen de calles, plazas, parques y multitud de edificios que se ordenan a su alrededor, formando una maraña por la que deambulamos de muy diferentes maneras.

Para que este engranaje funcionara a la perfección, para que fuese respetuoso con el territorio y con sus habitantes, deberíamos encontrar una fórmula mágica que redujese las distancias, que nos permitiese desplazarnos de manera efectiva y ecológica. Pero a la vez, esa pócima tendría que cubrir todas las necesidades de una población cada vez más exigente y diversa… Difícil fórmula…


Por eso, sostenemos que un buen modelo de ciudad es el que consume poco territorio, dejando espacio libre para parques y vegetación. A la vez, esa ciudad combina diferentes tipologías de edificio, donde todos puedan encontrar el que más les conviene, y múltiples servicios a los que llegar a pie, en bicicleta o en transporte público. La ciudad perfecta es la que está pensada para los ciudadanos, no para las grandes velocidades, y los ciudadanos necesitamos –y deberíamos exigir- un lugar sano, cómodo y funcional.

Los diez participantes del taller se dieron cuenta de todo ello y, a partir de hoy, saldrán a la calle con más ideas para encontrar las salidas de esos locos laberintos.

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