Ayer, los participantes del segundo curso de la asociación ABSAC se alzaron con su graduado de la escuela de Arquitectives. Durante tres meses, hemos dado un paseo por algunos de los aspectos clave de la arquitectura, aquellos que nos ayudan a entender un poco mejor el mundo en que vivimos y los porqués de los objetos y espacios que utilizamos. 

Para empezar, nos adentramos en el mundo de las escalas, donde un clip puede dejar de serlo para convertirse en la puerta de un castillo o en un tobogán solo apto para intrépidos, donde el hombre de Vitruvio y el Modulor de Le Corbusier viajan en el tiempo para sentarse en sillas o chaise-longue de ingenioso diseño.

Una silla para el Modulor


Controladas las proporciones, recorremos los sistemas constructivos que permiten al ser humano adaptarse a las más diversas condiciones topográficas y climáticas, las cuales aprendemos a deducir a partir de la inclinación de las cubiertas, del tamaño de las ventanas o de los materiales utilizados en las viviendas. Así, convertidos en esquimales e indios norteamericanos, construimos dulces iglús y coloridos tipis, reconociendo los tipos de fábricas y atendiendo a sus aparejos o forma de colocación de sus elementos. 


La tercera sesión la dedicamos a las estructuras de los edificios, partiendo del cuerpo humano y de los árboles, con los que guardan estrechos parecidos. Mediante gimnasia arquitectónica, nos convertimos en el acueducto de Segovia, en la Torre Eiffel y en el Hyperbuilding de Koolhaas, cuya influencia quedó patente en los rascacielos que construimos quince días después.

Estructuras trianguladas con las que ensayamos la estabilidad


Avanzamos con la ciudad, ese laberinto donde la edificación y el espacio público se combinan para darnos cobijo. Un cobijo que los romanos entendieron a partir de dos ejes perpendiculares contenidos en un recinto amurallado, donde el crecimiento espontáneo llevó a la saturación y fue necesario plantearse una expansión extramuros. En Palma, el encargado de tal empresa fue Bernat Calvet, en cuyo ensanche distinguimos calles rectas y manzanas regulares. Inmersos en nuestra ciudad y sus orígenes, nos iniciamos en el diseño urbano a pequeña escala, reflexionando sobre la densidad, los usos y las relaciones, y terminamos construyendo un barrio donde clínicas dentales, hoteles y parques de atracciones se mezclaron con complicadas súper estructuras dignas del estudio de los grandes arquitectos actuales.

El barrio en construcción


Sobre el autor

Enviar un comentario